14/04/18

 A jirones

No son cuatro sino seis
las paredes de mi cuarto;
y me oprimen y me abruman
y me acaban aplastando.

( Sueños. )

Esos hombres que también
por encima te han pasado
( feos, altos, guapos, bajos )
el sarcófago del rey
que yo ocupo han profanado:

cada uno se llevó
de mi corazón un gajo.

Y es que te quiero, mujer,
de los huesos a los labios;
aun sin quererte querer,
necesito tus agravios
incordiando.

¿ Ves que sencillo es
sin versos enrevesados ?

Si por tanta sencillez
andamos tan rejodidos,
comenzaré en un respiro
a retorcer y retorcer
de cada palabra el sentido
con un tajo claro y límpio.

Pero deja a Panero creer,
lee a Rimbaud o a Bukowski,
léete esto , lee...
y muere entre mis rigidos brazos
como yo fenecí ahogado
en los mares de tus ojos;
a lo largo de sus playas
recubiertas de pestañas,
podrás besarme el cadáver.

Sé que nos pulverizamos
con polvos mágicos
cada madrugada,
cuando el estoicismo de fantasma me abandona.
Y la muerte, ciega de alcohol,
me recrimina
vestir luto por un vivo.

Aprieto entonces una oscura pelota,
alienado,
viendo blanquear muñones sin sangre,
aguardando no sé qué,
o únicamente un mensaje.

La pelota es la pupila del destierro.
Tus ojos la rezuman,
tus ojos la remiten
como mares, a la orilla
de sus playas de pestañas.

Hecha jirones la piel,
destripados, sin entrañas,
sobre un cadalso de hiel,
nos encontrarán mañana.

R.R.